Sentar nuevas bases

Hace veinte años, Tiffany dio el valiente paso de acudir al refugio para víctimas de violencia doméstica Harbor House tras años de maltrato. Ella y sus hijos fueron de los primeros…

Imagen de una habitación preparada en Harbor House. Dos literas con un cartel en la pared que dice «sueña». El logotipo de Harbor House Catholic Charities aparece superpuesto.
Mujer con camiseta negra y gafas, sonriendo, con el logotipo de Harbor House Catholic Charities en la esquina inferior derecha

Hace veinte años, Tiffany se armó de valor y acudió al refugio para víctimas de violencia doméstica Harbor House tras años de maltrato. Ella y sus hijos fueron de los primeros en cruzar las puertas de las nuevas instalaciones, un lugar que pudo hacerse realidad gracias a la generosidad de donantes y simpatizantes de la comunidad.

Harbor House proporcionó a Tiffany y a sus hijos la protección y el apoyo que tanto necesitaban. Además, les abrió las puertas a recursos que les ayudaron a empezar a reconstruir sus vidas.

«Por fin tenía espacio para respirar sin vivir con miedo. Podía pensar con claridad y hacer planes para nuestro futuro».

Desde su inauguración en 1992, Harbor House ha prestado asistencia a cerca de 8.300 víctimas de violencia doméstica, ofreciéndoles un refugio seguro y confidencial, así como servicios adaptados a sus necesidades específicas.

Hoy en día, esa labor continúa a través de programas de acogida y de asistencia social, gracias a que los donantes invierten en la seguridad, la esperanza y la recuperación de nuestra comunidad.

Salir de una situación de maltrato es complicado. Requiere una planificación cuidadosa, elegir el momento adecuado y, a menudo, apoyo adicional. El proceso de cada superviviente es diferente, y el personal de Harbor House está capacitado para acompañarlos en ese camino.«Somos capaces de atender a las supervivientes en cualquier etapa de su proceso», afirmó Keri McGregor, directora de programas de Harbor House.

Gracias al apoyo de los donantes, Tiffany pudo acceder a los recursos que necesitaba para rehacer su vida. Se matriculó en la universidad, completó un máster y compró su primera casa, un lugar seguro donde ella y sus hijos, ahora ya adultos, siguen reuniéndose hoy en día.

«La seguridad y el apoyo que ofrece Harbor House no se limitan al tiempo que dura la estancia», afirmó Tiffany.«Son fundamentales, trascienden generaciones y siguen influyendo en las vidas de las personas».

El recorrido de Tiffany desde la crisis hasta su empoderamiento es un claro ejemplo de lo que se puede lograr cuando una comunidad se une para apoyar a quienes lo necesitan. Hoy en día, ella devuelve ese apoyo como defensora de Harbor House para otras supervivientes, ayudándolas a encontrar seguridad, esperanza y un puente que las lleve de la adversidad hacia un futuro más prometedor.